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Hace 102 años: Así enfrentó el transporte a la pandemia de influenza en México

Calles desoladas y un temor generalizado, así definen los historiadores a nuestro país durante la pandemia por la influenza española.

La también conocida ‘gripa española’, llegó a México en octubre de 1918, cuando México padecía las consecuencias de la guerra civil: destrucción de vías férreas, interrupción del comercio, de las comunicaciones y escasez de alimentos. 

El ferrocarril y los barcos fueron las principales vías de entrada. Registros de aquella época señalan al Alfonso XII como la embarcación que introdujo la enfermedad, luego de atracar en Veracruz a principios de octubre, por lo que sus tripulantes fueron puestos en cuarentena.

Días más adelante, se reportaron casos en Nuevo León, Coahuila y Tamaulipas. Para el 24 de octubre, ya se hablaban de más de 60,000 contagiados en el país.

Carreta usada como ambulancia

El transporte durante la pandemia

Ante la crisis sanitaria, el Consejo de Salubridad General, en coordinación con la Secretaría de Comunicaciones y Obras Públicas (SCOP), se preparó para emitir las primeras disposiciones de contención.

La SCOP puso en marcha la policía sanitaria de puertos, costas y fronteras, la cual implementó las reglas de control para los ferrocarriles y tranvías, así como la habilitación y reparación de caminos que facilitaran el transporte terrestre, el abasto de alimentos y el suministro de medicinas.

Lo primero que se hizo fue suspender las comunicaciones por tren entre todas las poblaciones, sin importar si habían presentado o no casos de influenza, esto debido a que la alta demanda del servicio representaba posibles focos de contagio, tanto en las estaciones como en los interiores de los ferrocarriles.

Esto fue un duro golpe para los municipios del país, ya que la mayoría estaban comunicados a través de líneas ferroviarias. Por ejemplo, S. P. del Monte, Nativitas y Panotla compartían fronteras territoriales con importantes zonas urbanas (la ciudad de Puebla y los municipios de Tlaxcala y Zacatelco).

A la par, la Secretaría ordenó la clausura momentánea de la Aduana Fronteriza de Laredo, Tamaulipas.

Los trenes de carga procedentes de lugares infectados serían revisados por los médicos sanitarios, ahí se dictaminaría si carros y vagones debían ser rociados con creolina (mezcla de jabón y lejía), sobre todo en aquellos donde los usuarios a bordo escupían con cierta frecuencia.

La prensa recomendaba a la población caminar trayectos cortos o medianos, en vez de usar el tranvía. Los propietarios de vehículos de alquiler y tranvías estaban obligados a desinfectar diariamente las unidades, aunque los propios medios de comunicación de esa época denunciaban que no todos lo hacían.

Para efectuar el aseo y riego de calles, el tráfico fue suspendido de las 11 p.m. a las 4 a.m. De no acatar la medida, los infractores se hacían acreedores a una multa de 5.00 pesos.

Sin tener una cifra exacta, historiadores señalan que medio millón de mexicanos murieron debido a la influenza española.

En la edición especial, ‘Pandemias’, elaborado por la SCT, se advierte que en la década de 1910 a 1921, México perdió a un mayor número de habitantes a causa de las epidemias que debido a la lucha revolucionaria.

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