PasajerosTransporte Público y MovilidadÚltimas noticias

Los Chimecos, arte sobre ruedas en transporte urbano

Adentrarse en la cultura del transporte urbano es ingresar a un mundo cifrado de arte y música popular; a la antropología decorativa de peluches, zapatitos perdidos, “marimbas” —esas cajas donde colocan los boletos y las monedas—, iluminación neón y focos de colores; a la iconografía religiosa de los santos patronos del camino: Jesucristo, San Judas, Jesús Malverde o La Santa Muerte.

Dichos, frases, son también una puerta de acceso al microcosmos de los “chimecos” : “No hay amor más puro y sincero que el de un microbusero”, “Güerita color de llanta ya llegó tu rin cromado”, “Si su hija sufre y llora es por un chofer señora”, “El usuario de esta unidad no lleva efectivo. Es casado”. El territorio estético y visual de esta cultura urbana está en el libro documental Súbale, hay lugares.

Como nunca antes, un libro de alta manufactura, documenta la riqueza visual y estética de la cultura del transporte urbano en México, la plantea en imágenes que describen la vida diaria de quienes operan, limpian, adornan y trabajan en esas unidades que en la industria de automotores son llamados “semicontroles delanteros”, porque el motor va adelante, o coloquialmente se les denomina “corazas” o “trompudos”, pero que el pasaje los ha bautizado como “chimecos”.

Poner un pie en el primer escalón de uno de estos camiones, es adentrarse a un ecosistema alucinante, a un gabinete de maravillas. Los “chimecos” son la cultura popular en su máxima potencia materializada en vestiduras, altares, volantes, palancas de velocidades, folklor, nombres asignados a las unidades que circulan en Acapulco, Culiacán, Navolato y Veracruz, así como delegaciones del Distrito Federal y municipios del Estado de México.

El entorno de las ciudades, las unidades, los choferes, los amuletos y su lenguaje, son retratados en diez capítulos-paradas con más de 250 imágenes, así como con 10 breves textos de periodistas como J. S. Zolliker, Roberto Aguilar, Kirén Miret, Piolo Juvera, José Ramón Huerta, Alberto Barranco, Miguel de la Vega, Zacarías Ramírez, Miyagi, Rafael Carballo y con prólogo de Josemaría Camacho.

Justo Miguel de la Vega, quien se define como “chofer de la ruta de las letras, periodista de rin cromado y escritor de historias sin frenos”, asegura en el texto que abre el capítulo “Poesía microbusera”, que subirse a un microbús no sólo sirve para transportarse de un lugar a otro, también pare recibir dosis de poesía urbana. “Me ves y sufres’, se lee en una defensa. En otra, algún existencialista escribió: ‘Como me ves te verás’. Otro, más bien josealfrediano puso: ‘Rodar y rodar’. Y no falta el pesimista con fe: ‘Si no llego no me llores… estoy con Dios’…. Así que la próxima vez que se suba a un micro, recuerde llevar lápiz y papel: es probable que aprenda mucho”.

 

chimeco

El libro de 150 páginas con diez paradas tituladas: Haciendo base, Recórrase hacia atrás, Chafiretes y cacharpos, En la ruta, Detalles rifados, Echando lámina, Poesía microbusera, Los guardianes, Tarifa nocturna y La bajada es por atrás, abre con un prólogo titulado: “Pague con cambio” y con la ilustración de un boleto que dice: “Autobuses Navistar. Bueno por un pasaje. Bienvenidos”, así como de los lemas: “Precaución” y “Paradas continúas”.

Súbale, hay lugares, puede descargarse de forma gratuita –desde cualquier dispositivo– en la página de internet www.subalehaylugares.com donde los visitantes podrán ver imágenes inéditas no incluidas en la versión impresa, un video del proceso de levantamiento de imágenes y entrevistas, y otros materiales que enriquecen el libro que próximamente estará disponible en iBooks y Google Play.

Contando la historia

El trabajo documental de Súbale, hay lugares, incluyó el levantamiento de alrededor de 600 fotografías de distintas rutas de transporte público urbano de las ciudades de Acapulco, Culiacán, Navolato y Veracruz, y distintas delegaciones del Distrito Federal y municipios del Estado de México; es un proyecto impulsado por Navistar México, empresa productora de los camiones International, que se confabuló con su agencia de publicidad Deli Estudio y la productora creativa Gato Estudio.

Eduardo Moguel, director de mercadotecnia de Navistar México, asegura que se trata de un libro de fotografía documental donde cada capítulo viene acompañado de un texto que pone en contexto las imágenes, que ya de por sí hablan solas.

“Siempre pensamos en la parte técnica, ahora recuperamos la parte humana y personal; los camiones son comprados y operados por personas; hay un tema racional, el servicio, pero también una parte emocional que tenemos muy clara, International es una marca de generaciones, el abuelo tuvo un autobús International, el hijo manejó ese International y el nieto está comenzando a operarlo”, señala Moguel.

La propuesta era práctica: hacer una memoria del transporte urbano, pero lograron un proyecto documental sobre las ruedas del modelo 3300 de International, la marca de Navistar México, con 20 años de historia en nuestro país y con más larga presencia en Estados Unidos.

La potencia de la cultura y el arte

En el Distrito Federal y en varias ciudades del país hay lineamientos que regulan la parafernalia en las unidades de transporte público, pero en varias ciudades del país, especialmente en Acapulco, el arte popular de los llamados “chimecos” alcanza niveles increíbles. Juan Pablo Quero, director de Deli Estudio, asegura que el libro es una estrategia para darle a la gente cultura y entretenimiento a través de objetos como este. “Al final del proceso, vi reflejado mi país; creo que la cultura microbusera sintetiza bastante la riqueza visual del mexicano, la cultura visual que hay en México, ya sea en Navolato, Sinaloa, o en el Estado de México”, señala Quero.

Es un libro de México para México con ojos de artistas extranjeros. Deli Estudio trabajó con Gato Estudio por la calidad fotográfica y artística, y fue efectivo contar con la mirada extranjera porque a decir de Quero “a los mexicanos se nos pasan detalles, a nosotros la figura de un santo o el zapatito del niño es algo que ha estado por tanto tiempo que ya ni la vemos; pero Diego (Beyró) capturó todos esos detalles”.

El argentino Diego Beyró, quien con el chileno Carlos Juica hizo las imágenes, dice que fue enriquecedor empaparse de una cultura tan grande.

“Se ven en el semáforo y dicen ‘¡uy!, este le pintó algo nuevo en el exterior’. Es una cultura viva, sobre todo en Acapulco, donde los dueños invierten dinero para que su camión se vea mucho más chingón y cuentan que los niños que van a la escuela esperan a otro si el pesero que pasa no está tan chingón ”, afirma el fotógrafo.

Súbale, hay lugares ya rebasa las 6 mil descargas en un mes, aspira a ser visto por más y, como dice Josemaría Camacho en el prólogo: “Haga usted la parada. Anímese. Viaje por el mundo en otro mundo más pequeño… Intérnese en lo más urbano de nuestro ADN. Pero eso sí, meta la mano en el bolsillo y asegúrese de que trae morralla, porque a este viaje se puede acceder sólo pagando con cambio”.

 

Fuente Vanguardia

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *