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De bailarina a piloto. La crónica de Emma Encinas, la primera aviadora mexicana de la historia

“Es una muchacha valiente, llena de ambiciones, de ideas aventurescas y con un corazón así de grande que no cree en la supremacía de los hombres”.

Diario La Prensa (7 de diciembre de 1932)

Emma Catalina Encinas Aguayo nació el 24 de octubre de 1909 en Mineral de Dolores, municipio de Madera, Chihuahua. Cuando apenas tenía 5 años de edad, ella y su familia tuvieron que escapar de ese lugar rumbo a Texas ante el temor de la presencia de la División del Norte encabezada por Pancho Villa.

Emma fue una adelantada a su época y no sólo por su forma de pensar, sino por la preparación que recibió desde muy joven (eran tiempos donde las mujeres tenían nulas oportunidades).

Aprendió varios idiomas en su adolescencia y fue enviada a la Universidad de California durante dos años, donde estudió danza y otras actividades artísticas. Incluso formó parte del elenco de películas como Rio Rita y Romance of the Rio Grande.

Cuando regresó a Chihuahua fundó su propia escuela de baile y en sus tiempos libres practicaba equitación. A sus 23 años parecía tenerlo todo, menos su verdadera pasión: los aviones.

El acercamiento a la aviación

Una de sus mejores amigas tenía como novio al hermano de Roberto Fierro Villalobos, quien había fundado la primera escuela de aviación en México y fungía como comandante del Primer Regimiento Aéreo del Gobierno Federal (hoy Fuerza Aérea Mexicana).

Fue a través de él que Emma ingresó a la escuela de aviación ubicada en Chihuahua, y entonces usaba las ganancias de su colegio de baile para pagar las clases.

Lo que más deseaba Emma era pilotar sola un avión, pero cuando estaba a punto de hacerlo, Fierro Villalobos se mudó a la Ciudad de México. Con la fuerte personalidad que la caracterizaba, lo siguió hasta la capital, aunque fue rechazada en todas las escuelas de aviación por ser mujer.

Nuevamente recurrió a Villalobos, quien autorizó su instrucción y empezó su entrenamiento en la base Balbuena. La futuro piloto realizó su examen teórico con sus respectivas calificaciones: Conocimiento del Aeroplano, MB (Muy Bien); Conocimiento de los Motores, B (Bien); Reglamentación Aérea, B (Bien).

Los conflictos familiares para Emma fueron una constante, su padre se negaba a que ella estudiara aviación, pero su madre la apoyaba con sus ahorros para solventar los elevados costos de la escuela. Para completarlos, Emma fungió como maestra de inglés para los pilotos que ya estaban ejerciendo.

Finalmente llegó el día. Emma presentó su examen práctico en el campo de aviación militar de Balbuena, en la Ciudad de México, a las 10 de la mañana del 4 de diciembre de 1932.

Según la crónica del diario La Prensa, Emma se elevó a tres mil pies para hacer sensacionales espirales, y a dos mil para la acrobacia. Hizo cinco aterrizajes a la marca, con motor parado, varios ochos y algunas otras cosas.

El jurado integrado por el Tte. Coronel Fernando Proal, Jefe de la Oficina de Comunicaciones Aéreas de la SCOP, el Coronel Alberto Salinas y el Ing. Mariano Domínguez, Jefe de Sección Técnica de la Oficina de Comunicaciones, coincidieron en darle la máxima calificación: MB (Muy Bien).

De esta manera Emma Catalina obtuvo su licencia de piloto de turismo no. 54, mientras que su título fue firmado hasta el 12 de abril de 1934. Había surgido la primer piloto aviadora mexicana de la historia.

Su examen práctico congregó a cientos de personas en el lugar, quienes al terminar la cargaron en hombros y de ahí se dirigieron al Zócalo para celebrar, según relatan algunas crónicas de aquella época.

Quisieron ‘arrebatarle’ su hazaña

El 9 de julio de 1944, apareció un artículo en el diario Novedades

donde se señalaba que la Srita. Elisa Lehmacher, se había convertido en la primer piloto de la historia en México.

Inmediatamente Emma le escribió al Sr. Gonzalo Herrerías, Director del periódico, pidiéndole que se aclarara esa información errónea y que el reportero que la escribió hiciera lo mismo.

Pedro Souza, Jefe del Departamento de Aviación Civil de la SCOP, le contestó nueve días después asegurándole que ella era la primera mujer piloto mexicana; y que los comentarios aparecidos en Novedades fueron hechos por los instructores de vuelo de la señorita Lehmacher.

Después de ejercer poco tiempo su profesión de piloto, Emma se mudó a Veracruz y a Oaxaca junto con su esposo. Poco después se unió a la Alliance of Pan American Round Tables, una organización de mujeres en la cual fungió como directora en las décadas de 1950 y 1960.

Fue una gran impulsora del derecho al sufragio para las mujeres a inicios de 1950. A la par de su labor en la organización, fue productora de televisión donde sus contenidos trataban de concientizar a las mujeres sobre su responsabilidad como votantes.

Hablaba 5 idiomas, lo cual le permitió traducir cerca de 300 artículos, libros y novelas por año. A la par, trabajó como intérprete para el centro de las Naciones Unidas en Ciudad de México y más adelante se convirtió en la traductora oficial del presidente Luis Echeverría durante su mandato. ​

Emma Encinas falleció el 5 de noviembre de 1990, pero su legado quedará marcado para la posteridad por haber abierto -hace más de ochenta años- un nuevo horizonte para las mujeres en el complicado rubro de la aviación.

Sabías que…

En la actualidad, México cuenta con más de mil pilotos mujeres.

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