Tiempo en fronteras afecta a operadores

Trabajar 14 horas al día no es nada nuevo para Ramiro, porque se ha dedicado a manejar tráileres desde hace 25 años. Pero hacerlo por poco dinero: eso sí que le repercute.

Los retrasos en los cruces de cargas internacionales en los meses de septiembre y octubre, y los últimos ocurridos el sábado pasado, provocaron que los transportistas que operan en Ciudad Juárez tuvieran que invertir hasta 300 por ciento más tiempo.

La espera pasó de menos de dos horas hasta siete horas por viaje, explicó Ramiro, operador de transporte de carga, en entrevista con NORTE.

“Nosotros trabajamos por viajes, yo si echo viajes me pagan, si no, pues no (…); si me voy ahorita “botando” (expresión que hace referencia a que con el trailer vacío en las calles de Ciudad Juárez, el vehículo rebota mucho por la cantidad de baches e irregularidades en el pavimento) me dan la mitad del diesel, 10 litros, y si a lo mejor me estoy en una maquila esperando que me carguen, me pagan medio viaje por cada tres horas de espera, a eso se le llama estancia”, detalló.

El hombre entra a trabajar regularmente a las 9 de la mañana. En tiempos normales su hora de salida era entre 6 de la tarde y 8 de la noche. Pero en los meses que la carga se atascó su salida se prolongó hasta las 11 o 12 de la noche.

Las revisiones estrictas del lado estadounidense, las fallas en el sistema del lado mexicano y la reducción de carriles de importación en el puente internacional Zaragoza–Ysleta son los factores que están afectando los bolsillos y la salud de los choferes.

“En sí, esa es la vida del trailero, llegar tarde, dormir un rato, levantarse y a darle otra vez (…); en tiempos normales hacíamos hasta seis o siete viajes en un día y mire ahorita, la hora que es (5:30 p.m.) y apenas llevo tres”, indicó Ramiro, oriundo de Guadalupe y Calvo.

La actividad de un operador como él transcurre la mayor parte del tiempo arriba del tractor, y aunque no ganan mal, los daños físicos a su salud pueden pasarles factura antes de lo esperado.

“A mí me molestan a veces las rodillas, por el clutch, los riñones no, gracias a Dios, pero hay que tomar mucha agua”.

Esta semana solo alcanzó a hacer 23 viajes en cinco días, por los que le pagaron 5 mil 374 pesos, de los cuales 878 fueron de impuestos.

Le quedaron 4 mil 496 pesos libres, cuando que en una jornada normal, cuando el puente de Zaragoza aún estaba operando, realizaba hasta 35 o 40 viajes en una semana.

“A mí me gusta mi trabajo, siempre me gustó, desde que mis hijos estaban pequeños los traía yo al tráiler y ellos también estaban contentos hasta que les dije, ‘no, ya estuvo, váyanse a la escuela’. Ahorita tengo dos ya titulados”, refirió.

Por lo general, pensar en un camionero es pensar en carreteras y largos recorridos, pero para los traileros de Juárez, la dinámica es distinta.

Su trabajo es ir y venir cada día, de un lado a otro de la franja fronteriza, o como ellos dicen, “estar en cruces”.

“Estar en cruces significa que usted ‘trampa’ una caja en la maquila, y la lleva hasta su destino, en las bodegas de El Paso o Santa Teresa. Allá puede salirle una liebre (trabajo extra) que si es a una distancia de 10 o 15 kilómetros, le vale por un cuarto de viaje, y si es de 25 kilómetros, le pagan medio viaje, y de ahí se regresa de nuevo a Juárez y así”.

La empresa para la que trabaja Ramiro le paga 250 pesos por viaje y le da 20 litros de diesel al día. Cuando se le termina la cantidad asignada de combustible, él debe poner lo que falte, pero se lo vende la misma compañía a 5.80 pesos por litro, es decir, con un 50 por ciento de descuento sobre el precio de bomba.

Filtros interminables

Además de la fortaleza física, estos operadores deben practicar tolerancia, paciencia y disciplina, para pasar por todos los filtros de seguridad que hay en ambos lados de la frontera.

En el caso de Ramiro, la primera garita es de la propia empresa, que tiene a un equipo de despachadores revisando las cajas de los tractos con perros entrenados y detectores especiales, antes de que pasen a los patios del SAT, en donde empieza el largo proceso de verificación para asegurar que todo lo que lleva la carga es legal y está documentado.

Una vez al año los operadores del transporte de carga deben tramitar un gafete de identificación que expide la Aduana mexicana y que cuesta 100 pesos, sin el cual no pueden trabajar.

Cuando llegan a las instalaciones de esa dependencia federal con su tráiler cargado, si les toca luz roja, el tiempo de revisión puede durar hasta 2 horas y media.

Ya del lado estadounidense, después de pasar por los rayos X, si les marcan una revisión de 100 por ciento, pueden ser otras 2 horas de espera, porque se debe descargar totalmente la caja y revisar el material.

Después de la inspección aduanal pasan a una certificación mecánica, en donde los vehículos entran a una sala especial y, una vez aprobados, inspectores del Departamento de Transporte de Estados Unidos le ponen un engomado amarillo con la leyenda “Comercial Vehicle Safety Alliance (CVSA)”.

Fuente Norte Dig

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