Suiza prueba autobuses sin conductor

La pequeña ciudad suiza de Sión se convirtió desde hace pocos meses en pionera del transporte urbano del futuro a través de una prueba piloto con autobuses sin conductor bajo condiciones de tráfico reales.

A diferencia de los autos sin conductor que desarrollan Google, Apple, Tesla y otras automotrices y en los que solo pueden viajar expertos, cualquier persona en la capital del cantón de Valais podrá subirse a alguno de los dos autobuses urbanos autónomos que circulan casi a diario y de manera gratuita. Una aplicación móvil muestra por dónde se va desplazando el autobús.

Los dos vehículos eléctricos de casi cinco metros de largo tienen capacidad para nueve pasajeros. Los autobuses robot pueden reconocer peatones, animales y cualquier otro obstáculos en el terreno; respetan las normas de tránsito, los derechos de paso y calculan al milímetros su desplazamiento por calles estrechas de Sión.

Por motivos de seguridad, durante la fase de prueba que se extenderá hasta octubre de 2017, siempre viajará un operador, que podrá interceder en cualquier situación de riesgo mediante un controlador de PlayStation. Estos autobuses no tienen volante o pedales.

Nadie interviene cuando un peatón desprevenido se cruza delante del vehículo amarillo. Los sensores y cámaras incorporadas al bus reconocen la situación y de inmediato se activan los frenos de emergencia.

El proyecto es desarrollado por la operadora del transporte público suizo, CarPostal, junto con la empresa de software BestMile y la Escuela Politécnica de Lausana.

Muchos fabricantes de automóviles ya están incorporando servicios de taxi robot. En las próximas semanas la empresa Uber enviará a sus clientes en la ciudad estadounidense de Pittsburgh automóviles Volvo autónomos, sólo con un copiloto para vigilar. Volkswagen y General Motors están trabajando con rivales de Uber en proyectos similares.

“Nosotros también hemos considerado que en el futuro los clientes puedan llamar directamente a un bus robot a través de una aplicación móvil en la que también indiquen el destino del trayecto”, apunta Jürg Michel, jefe del proyecto CarPostal.

La aplicación podría entonces coordinar las solicitudes de los diferentes clientes y enviar los respectivos vehículos. Un experimento similar ya se ha iniciado en Helsinki. Según los operadores, ambos proyectos no van a sustituir el transporte público existente, sino que está pensado como posible servicio adicional, agrega Michel.
Los autobuses autónomos se desplazan en Sión a lo largo de 1,5 kilómetros de “vías” virtuales, que recorren zonas de tránsito y peatonales a una velocidad máxima de 20 kilómetros por hora.

“Estas condiciones urbanas son mucho más difíciles para vehículos autónomos que una autopista”, explica Simone Amorosi, director adjunto del Centro de Transportes de la Escuela Politécnica de Lausana.

No todo lo que detectan los sensores son interpretados correctamente por los robots amarillos. Una rama en calle ya puede ser un obstáculo peligroso, y el resultado es una frenada abrupta. Un coche mal aparcado, que incluso hubiese posibilitado el paso del autobús, también hace accionar el freno. En estos casos, el conductor humano toma las riendas del asunto.

“Los autobuses son muy cautelosos y hasta ahora se han podido evitar accidentes”, señala Michel.

Con este proyecto también se pretende determinar si los usuarios quieren tener una opción así. Michel asegura que hasta el momento las reacciones fueron en su mayoría positivas. Muchos curiosos vienen a Sión de todas partes de Suiza e incluso del extranjero.

“Es como en un videojuego”, dice un niño, mientras que una mujer mayor se muestra aliviada de que un empleado supervise el vehículo, En tanto, para un estudiante el autobús “todavía es demasiado lento”.

Según los expertos, pasarán varias décadas hasta que estos vehículos puedan hacer frente de manera autónoma a todas las situaciones y sean construidos en serie.

Cuando llueve mucho, nieva o está oscuro los vehículos sin conductores están sobreexigidos. Además, en muchos lugares se requieren permisos especiales y cambios en la ley. También faltan empresas que quieran asegurar a los coches autónomos y pasajeros que confían su vida a una computadora.

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