Qué significa el logo de Toyota

Fundada en 1890 por Sakichi Toyoda, la marca de este reportaje tuvo unos orígenes muy diferentes a los que hoy hacen que la conozcamos. La fabricación de automóviles no llegaría hasta 1933; las cuatro primeras décadas de la historia de Toyota fueron como fabricante de maquinaria textil y con el apellido de su fundador (Toyoda), pero, al expandir su modelo de negocio hacia la producción de automóviles, pronto decidieron cambiar de nomenclatura a la compañía, que, en 1936, pasaría a denominarse como la conocemos ahora: Toyota.

¿Por qué cambiar de Toyoda a Toyota? Para nosotros, occidentales, puede que no haya mucha diferencia, pero en japonés es mucho más fácil de pronunciar Toyota que Toyoda, y escribirlo, más todavía. Además de una fonética y caligrafía más sencillas, el nuevo nombre se escribe con 8 trazos en su lengua madre, y el ocho es un número fetiche en su cultura, que augura buena suerte.

Ahora que ya sabemos de dónde viene el nombre de esta marca, vamos a ver qué significa su logo, que ha cambiado varias veces de imagen a lo largo de su historia.

El diseño del logo de Toyota que conocemos ahora data de 1989 y es una auténtica genialidad. Si nos fijamos en él, veremos que está compuesto de tres elipses, dos de ellas entrelazadas y ambas envueltas por la tercera. Las dos elipses entrelazadas representan al cliente y al producto de Toyota y la tercera elipse que los envuelve es la marca en sí y su afán de expansión y globalización.

Si nos fijamos un poco más en sus formas, veremos que, tal y como están entrelazadas las elipses, se pueden formar con los diferentes trazos una T, una O, una Y y una A, las cuatro letras necesarias par escribir Toyota.

El concepto de calidad Toyota

Uno de los grandes logros de la marca japonesa ha sido el que casi todo el mundo vea Toyota y calidad como un binomio inseparable. Esto no es fruto de una noche, sino de una manera de pensar, una idea grabada a fuego en cada uno de los miembros de la compañía desde 1939, como puedes ver en la imagen del tótem que te da la bienvenida a las instalaciones de Toyota en España.

En la actualidad, casi un siglo después de que Kiichiro expresase así cómo debían ser sus productos, la “calidad Toyota” se ha convertido ya en un concepto en sí mismo, un estándar que buscan la mayoría de fabricantes, y no sólo los de automóviles.

No se trata sólo de que los materiales con los que esté construido el vehículo sean los mejores, ni que sus motores sean los más potentes; la calidad es algo que va más allá y empieza en una hoja en blanco para trasladarse a cada proceso. La calidad en los procesos de compra a los proveedores, en la trazabilidad de cada componente, en el trato al cliente… en todo.

Toyota AA, el primero

Cuando Toyoda se decide a fabricar automóviles y crea la división Toyoda Automobile en 1933, los coches que inspiraron a la compañía fueron los modelos americanos que desembarcaron en un país que, aunque con afán de progreso, tenía una sociedad de tradiciones medievales muy arraigadas y con una industria que apenas tenía dos frentes: la producción textil y la agricultura.

Apenas dos años después de lanzarse a la aventura de fabricar automóviles, Toyota ya tiene listo su primer prototipo operativo denominado A1. Obviamente sus formas se inspiran en las de los vehículos americanos que los han empujado a ello, pero resulta curioso que se fijasen tanto en un coche que en los EE.UU. se anunció como revolucionario y acabó siendo un enorme fracaso comercial: el Chrysler Airflow presentado en 1934.

Sea como fuere, las formas aerodinámicas (para la época) del Airflow calaron hondo entre los de Toyota y su modelo definitivo presentado en 1936 tenía una vista lateral casi idéntica, aunque el frontal se modificó y se hizo algo menos “futurista” que en el Chrysler, en parte porque ya se veía que el diseño original no acababa de cuajar en Norteamérica.

El Toyota AA contaba con una mecánica de 6 cilindros y casi 3,4 litros de cilindrada que desarrollaba poco más de 60 CV y que era casi una copia del empleado por Chrysler. Tampoco fueron muy originales con la instalación eléctrica, inspirada en la de un Ford. Hay que ser prácticos y es muy difícil empezar a fabricar coches cuando tu tradición industrial es la de producir telares. La mejor manera de empezar es copiando soluciones ya probadas y tratar de mejorarlas mientras uno aprende su propio camino.

Al principio, a nadie pareció importarle esta táctica, pero en los años sesenta y setenta los coches japoneses empezaron a ganarse buena fama en el mercado americano, sus ventas empezaron a explotar y pronto se lanzó una campaña de desprestigio para defender las ventas de sus modelos nacionales. Se decía de todo sobre los coches japoneses, desde que se dedicaban a copiar a los demás hasta que su acero (un bien escaso en Japón) provenía de la chatarra nuclear y que estaban contaminados con radiactividad.

Sin embargo, los clientes de modelos japoneses estaban encantados con sus coches, que funcionaban mejor y durante más años que los americanos.

Toyota 2000 GT, el Toyota del millón de euros

A lo largo de la historia de la marca japonesa, han existido modelos que han logrado auparla al puesto actual, siempre luchando entre los tres mayores constructores del mundo. Así lo prueban los éxitos de ventas de modelos como el Toyota Corolla (el coche más vendido de la historia), el Celica o, en la actualidad, el Toyota Prius y la tecnología híbrida.

Sin embargo, a veces un único vehículo es capaz de marcar un antes y un después en una compañía, aunque sus ventas hayan sido mínimas y, en realidad, ese automóvil no haya sido “el más” o “el mejor” en nada.

Cuando en el Salón de Tokio de 1965 se presentó el Toyota 2000GT, éste no era el coche más rápido del planeta, ni el más lujoso, ni el más bonito…, pero con sólo 300 ejemplares vendidos logró convencer al mundo de que Japón iba camino de ser una superpotencia automovilística. En su día, este coupé era un coche caro, con un precio en el mercado americano (al que apenas llegaron un centenar de unidades) superior al de modelos como el Jaguar E-Type o el Chevrolet Corvette. En la actualidad, el Toyota 2000GT es el coche japonés más caro de la historia y se cotiza por encima del millón de euros.

Si en las fotos de esta galería te parece llamativo, no te imaginas cómo es el verlo “en carne y hueso”. Es un coche más bien pequeño, con unas dimensiones similares a las de un BMW Z3, para hacernos una idea con un modelo “más cercano”.

Sus formas sinuosas son toda una provocación a la que ni el mismísimo James Bond se pudo resistir. Su diseño tiene un origen con cierta controversia sobre su autoría. Hay quien acusa a Toyota de plagiar los diseños del noble Albrecht Goertz (creador de joyas como el BMW 507). Dicen las malas lenguas que, a principios de los años sesenta, este diseñador alemán creó unos bocetos para un coupé de Nissan que al final acabó olvidado en un cajón. En aquel proyecto estuvo implicada la compañía Yamaha. Lo cierto es que el mítico Datsun 240Z sí fue diseñado por Goertz y sus proporciones sí recuerdan a las del 507 y el 2000GT, pero las suspicacias llegaron porque Toyota contó con Yamaha para el desarrollo de este excepcional coupé.

La compañía de los diapasones logró crear un coche realmente apasionante a partir de unos mimbres que tenían todo menos pasión. Tomando la planta mecánica de una berlina más clásica que el discurso navideño del rey -el Toyota Crown-, los de Yamaha se las ingeniaron para rodearla de un chasis de excelente comportamiento en carretera, inspirados por el diseño de las suspensiones y espina dorsal del Lotus Elan.

Este esquema mecánico lo vistieron con una carrocería que te quita el aliento cuando la ves, en la que destaca su largo frontal y unos faros carenados de largo alcance que se complementan con otros escamoteables que le dan un aire futurista.

Viendo que tenían un coupé realmente bello y con un comportamiento dinámico excelente, había que hacer que su arcaico motor también estuviese a la altura. El Crown era una verdadera roca de 6 cilindros, irrompible, suave como la seda… pero aburrido como el cine de Garci. Yamaha diseñó una culata completamente nueva, fabricada en aluminio, con cámaras hemisféricas, distribución en cabeza y flujo cruzado de gases.

Todo esto permitía que sus cámaras de combustión fuesen muy eficientes y capaces de quemar combustible de manera eficaz. Como aquello podía consumir mucha gasolina, había que dársela, así que añadieron una batería de 3 carburadores dobles y la tranquila mecánica del Crown casi duplicó su potencia. Con 2 litros de cilindrada, el Toyota 2000GT rendía 150 CV y era capaz de girar en la zona media y alta con desparpajo.

Sus prestaciones eran buenas (aunque un E-Type de la época rendía más de 100 CV extras), su calidad de fabricación, exquisita, su diseño enamoraba y su comportamiento en carretera era ejemplar. Acababa de nacer el mejor GT japonés de la historia y nadie podía decir que fuese una copia de nada de otro país, por mucho que su diseño se asociase con Albrecht von Goertz.

Toyota Prius, un éxito sin precedentes

Antes de que se lanzase la primera generación del Toyota Prius en 1997, los intentos de los fabricantes para conseguir que un coche híbrido fuese un éxito comercial acabaron en fiasco.

No es que el éxito llegase de golpe con el primer Prius, pero sí fue un buen punto de partida y, aunque no fue un superventas, Toyota supo interpretar bien los datos y se mantuvo en sus trece, dando continuidad al proyecto y lanzando la segunda generación.

Hasta entonces, las marcas que lo intentaron nunca habían insistido y dado continuidad a un proyecto híbrido y, cuando Toyota lo hizo, el mercado se dio cuenta de que ya no había marcha atrás. Acababa de nacer una nueva categoría de automóviles y Toyota se convertía en pionera en una nueva tecnología que ahora es una de sus principales señas de identidad.

Vinculado con el mundo del automóvil desde la infancia, ha trabajado como restaurador de coches clásicos, gerente de concesionario oficial, responsable de posventa en servicio multimarca y monitor en escuela de perfeccionamiento de técnicas de conducción. Lo sabe todo en esto del motor… y sigue aprendiendo cada día.

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