MSI eliminó 90% del pillaje a los trenes de Ferromex en el Bajío

Los asaltos a trenes afectan al dueño de la carga y a la aseguradora, pero también a la competitividad de México y a su reputación como destino confiable para la inversión.

Por todo ello, es relevante que una empresa de seguridad privada diga a los cuatro vientos que le evitó a su cliente Ferromex más de 90% de los robos que sufrían sus trenes en el Bajío, una zona vital para la manufactura y el tránsito de mercancía de exportación.

El autor de la hazaña es Alejandro Desfassiaux, un ex militar que, desde hace más de 25 años, se dedica a la seguridad privada a través de su empresa Multisistemas de Seguridad Industrial (MSI).

MSI es pionera en seguridad privada, según su fundador: fue creada en diciembre de 1983 y su registro federal es el 01. Desfassiaux relata que, desde 1990, creó MS 2000, un servicio de monitoreo de residencias e inmuebles industriales basado en dispositivos tecnológicos; 10 años después abrió la división HDS (High Defense System, con personal entrenado en prácticas de defensa israelí) y, más tarde, creó la división Cuerpo Especializado de Reacción Inmediata (CERI, un grupo de élite autorizado a emplear armas).

Invariablemente, el trabajo de MSI empieza con labores de inteligencia para establecer el modus operandi de la delincuencia y establecer las vulnerabilidades de sus clientes, dice Desfassiaux.

A ello atribuye su éxito con Ferromex, la primera ferroviaria que contrató sus servicios y a la que, en menos de un año, le dio resultados excepcionales, según el empresario. “Logramos reducir, dicho por las propias autoridades y Ferromex, hasta un 94% las pérdidas que tenía el tren en un lapso de aproximadamente nueve meses”, afirma.

Voceros de Ferromex dijeron a Forbes México que, en efecto, hubo una reducción significativa de los robos a sus trenes en esa zona del país, pero no detallaron en qué porcentaje y lo atribuyeron a diversas acciones.

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¿Cómo hicieron para bajar los robos a los trenes?

Con protocolos de verificación de confianza, antidoping, polígrafo o [análisis] grafológico, no sólo para nuestro personal, sino también para el del cliente.

Tenemos un área de inteligencia que verifica el entorno socioeconómico de los lugares en los que ocurren los robos y define las áreas conflictivas. Para la prevención y disuasión tenemos procedimientos de previsión para saber qué pasa en lugares donde la gente acostumbra robar, y de penalización para reincidentes.

Se hizo también con tecnología satelital de punta y protocolos de acción y reacción, con personal entrenado bajo procedimientos militarizados.

No hubiera funcionado sin el apoyo del ejército, policía federal y gendarmería; uno de los problemas más serios es que gobernadores y presidentes municipales abandonaron su función de seguridad.

De nada sirve que un estado [o un municipio] establezca una fuerza de tarea o de reacción, como en Monterrey o Tampico, si el jefe de la policía fue puesto por un asunto político: sabe que su chamba va a durar lo que dure el presidente municipal o el gobernador.

¿Cuánta gente en total trabajó en el proyecto con Ferromex?

Más de 6,000 gentes.

¿Cómo se hicieron del contrato con Ferromex?

La empresa hizo un concurso, pero yo nunca entro a concursos: soy una empresa de alta calidad y los concursos son [para competir] por precio. [Un] 99% de la seguridad privada se compone de porteros uniformados mal pagados.

Cuando me proponen tomar el servicio de seguridad de Ferromex, sabía que [los delincuentes] dejaban cuerpos [humanos] desmembrados o descabezados en las vías o que ponían niños para [detener y] atacar al tren. No había un protocolo de prevención, ni uno para verificar que el guardia que debía estar, en efecto, estuviera, ni de inteligencia para saber, en cada pueblo, qué bandas de crimen organizado operan.

Al tomar el servicio, hice protocolos de inteligencia propios para verificar, a lo largo de todas las vías, qué parte del crimen organizado operaba, quiénes eran, cómo funcionaban, dónde tenían sus bodegas.

Trabajamos en forma coordinada [con las autoridades] y eso nos permitió ir por bandas completas.

¿Tenían experiencia en carga por tren?

No. Habíamos dado servicio a otro ferrocarril en un lapso, pero [aquél] no tenía la problemática tan grande de éste.

¿El contrato fue para dar seguridad a toda la red de Ferromex?

No, sólo para la parte más delicada: el Bajío; y es [ahí] donde hemos establecido los protocolos.

Cuando detienen un tren, se detiene toda la red…

Más que eso. Son kilómetros de un sólo ferrocarril; recorrerlo de la punta al final puede tomar tres o cuatro horas caminando. Logramos evitar que el tren parara y aumentara su velocidad, que era muy importante.

¿Cómo desarticulan toda la estructura que hay alrededor de los robos?

Hicimos ese protocolo también [para determinar] cómo operaban [las bandas], adónde llevaban la mercancía, dónde la almacenaban; y otros de detención y consignación.

¿Qué hacen para que la gente no detenga el tren?

No te puedo decir los detalles, pero se hace un trabajo de avanzada. Cuando el tren va pasando, ya hubo una verificación y control; hay partes en donde se tiene que detener por algún semáforo y ahí hacemos protocolos de reacción y control.

¿Y qué alternativas toman los delincuentes?

Conocemos a 90% de ellos. Todo esto funciona porque hay alguien que paga a la gente del pueblo por ir a robar al tren. “Por cada pieza que me traigas, te doy 2 pesos”; así que… desarticulamos al que compra.

¿Cómo es la estructura de los grupos que lo hacen?

Los mismos que compran la mercancía, todo lo que traiga el tren, lo almacenan y lo venden.

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Foto: Ferromex.

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¿Lo esencial del trabajo fue el acompañamiento a los trenes?

No, es la prevención, análisis y evaluación del riesgo, medidas preventivas y acciones para disminuir el riesgo, además del protocolo de inteligencia. Sin eso, no hubiera sido posible. Ya habían trabajado otras empresas de seguridad con las autoridades y no habían llegado a ningún lado.

¿Cuántos trenes de Ferromex vigilan?

Protegemos 40 o 50% de sus vías, aproximadamente.

¿Es el Bajío lo más peligroso?

Hay otro más peligroso todavía, seguramente.

¿Cuál?

Hay otros, pero es un tema que no está en mi cancha.

¿Y por qué no los contrataron para toda la red?

No lo quiero. Te explico: en la empresa tenemos 13,000 empleados y este cliente ya representa 9% de mi fuerza de trabajo.

¿Cómo logras que el personal del cliente sea confiable?

Para cualquier cliente, establezco protocolos de confianza propios; le demuestro que el control de mi personal es súper estricto, que hago pruebas aleatorias y análisis psicológicos. Y lo mismo le pido al cliente que aplique con su gente. Con todo, llega a pasar que a alguien se le hace fácil cometer una estupidez, pero es el 0.001%, así que no es grave. Además, los protocolos permiten saber quién es vulnerable de cometer un robo.

Hay indicadores. Si en la empresa hay gente que se acaba de divorciar, tiene problemas económicos, se ha endeudado o tiene algún otro problema serio, va a ser fácil que cometa una estupidez por necesidad, depresión o ansiedad. Todo eso hay que estarlo revisando.

¿Qué permite que el grupo de reacción esté armado?

Se tiene que solicitar, a la Secretaría de la Defensa Nacional, autorización para usar armas.

¿Como ocurre con cualquier ciudadano?

Es una licencia colectiva, con requisitos que el ejército exige.

Si trabajan coordinados con clientes y fuerzas de seguridad, ¿el riesgo de fuga de información es más alto?

Lo que pasa es que confío en el ejército.

Pero no trabajan sólo con el ejército.

También confío en la policía judicial y gendarmería; los protocolos que ellos tienen son muy similares a los míos. De hecho, a nivel nacional, entre las instituciones más confiables está, en primer lugar, el ejército.

Pero nada más el ejército.

La policía federal también tiene un alto índice.

Si siguen las noticias sobre inseguridad, saben de la complicidad que hay…

Pero, por cada 1,000 policías estatales corruptos, hay uno de la federal y, a lo mejor, 0.1 del ejército. Son muy duros los castigos; un policía federal, de gendarmería y del ejercito pierde mucho por hacer una estupidez, mientras que el policía municipal encuentra trabajo otra vez, no le importa.

¿Hasta dónde les permite la ley actuar contra la delincuencia?

Somos auxiliares de la autoridad federal; así nos considera la ley. Segundo, mi campo está sujeto al ámbito privado de mi cliente, pero, en este caso, hablamos de vías federales que están concesionadas, y yo también tengo una concesión; en consecuencia, mi límite es proteger los bienes e intereses de mi cliente. Así que, cuando yo agarro a alguien robando dentro de este margen, lo entrego a la autoridad federal o local.

¿Ustedes tienen autorizado disparar?

En legítima defensa. Hay dos cosas que, como ciudadanos, podemos hacer, que es en defensa de nuestra vida y propiedades, y lo que se llama el arresto ciudadano: tú puedes arrestar a cualquiera que esté cometiendo un delito federal, siempre y cuando lo entregues a la autoridad correspondiente. De hecho, nosotros, diario, hacemos muchísimas remisiones al ministerio público…

¿Qué opina de que informes de empresas internacionales comparen a México con Brasil y Sudáfrica en cuanto a la inseguridad?

Me gustaría que siempre dijéramos lo que sí se puede hacer, no lo que se hace mal.

¿No es autocomplacencia?

Se puede hacer bien las cosas; eso es lo más importante. Lo que me lastima y molesta es el robo al obrero que salió de trabajar, va en el camión y le roban su quincena.

Pero hay zonas del país que están controladas por el crimen, donde el robo es al obrero y a todos.

O, como pasaba en Veracruz, en la época de Fidel [Herrera, ex gobernador]: en la noche, el tránsito quedaba en manos de los malos; entonces te quitaban el coche y te pedían dinero para regresártelo.

El mayor daño al país no es todo lo que hemos hablado; el verdadero problema es la impunidad.

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