Inicia la guerra de las gasolineras

Las gigantes energéticas como Shell, BP, ExxonMobil y Gulf México ya están revelando sus planes para ingresar al país, donde se codearán con firmas nacionales que también quieren una parte de este mercado, como Oxxo Gas, de FEMSA, y Petro-7, de 7-Eleven, y con empresarios gasolineros que piensan competir contra estas grandes compañías en un negocio que conocen desde hace décadas como franquiciatarios de Pemex, como FullGas, Gasmart, Hidrosina, Car-Go, G500 y Grupo Perc Energéticos.

Las gigantes energéticas como Shell, BP, ExxonMobil y Gulf México ya están revelando sus planes para ingresar al país, donde se codearán con firmas nacionales que también quieren una parte de este mercado, como Oxxo Gas, de FEMSA, y Petro-7, de 7-Eleven, y con empresarios gasolineros que piensan competir contra estas grandes compañías en un negocio que conocen desde hace décadas como franquiciatarios de Pemex, como FullGas, Gasmart, Hidrosina, Car-Go, G500 y Grupo Perc Energéticos.

Todas prometen competir con vigor en uno de los mercados de consumo de gasolinas más grandes del mundo, pero con años de subinversión en infraestructura a lo largo de toda la cadena, y que sólo conoce los modelos más básicos del despacho de combustible bajo la marca y el control de Pemex. El gobierno espera que, con esta liberación del sector, estos ánimos se traduzcan en inversiones de 12,000 millones de dólares (MDD) en la próxima década.

La sed por la gasolina

“¿Quién no quiere participar en uno de los mercados más grandes del mundo?”, exclama Iván Sandrea, director general de Sierra Oil & Gas, una firma involucrada en un proyecto de transporte de petrolíferos, llamado Caoba, junto con la transnacional TransCanada y la naviera mexicana TMM.

México es el quinto mayor consumidor de combustibles en el mundo y el primer importador de gasolinas, destaca Andrés Cavallari, director de Shell Downstream para México. “Además, es un mercado que sigue en crecimiento”, agrega el directivo de la firma anglo-holandesa. La compañía piensa incursionar este año con su modelo de gasolineras, que ahora abarca 70 países y cerca de 43,000 estaciones de servicio.

Las nuevas marcas de gasolineras ni siquiera deberán competir por la nueva demanda que se genere, porque simplemente pueden optar por quitarle a Pemex el mercado que ahora tiene, opina Ixchel Castro, analista de la consultora Wood Mackenzie.

Tampoco deberán competir por refinar gasolina en México —ninguna de las gigantes del sector ha mostrado su interés en hacerlo—, pues el aumento de la demanda podrá cubrirse con las importaciones, considera Sandrea. Su proyecto Caoba, de 800 MDD, planea duplicar la capacidad de importación desde el puerto de Tuxpan, Veracruz, hacia el centro del país, donde está el mayor mercado.

La llegada de nuevos jugadores al sector energético promete novedosos modelos de servicio y más ofertas, sin abandonar el despacho con personal en las gasolineras. “Por la dinámica diaria de la gente que se mueve en las ciudades, es cada vez menor el tiempo que tienes para hacer tus cosas. Lo que aquí se pretende es que el cliente pueda satisfacer sus necesidades, tanto de ir a la tienda como de abastecerse de gasolina”, dice Rolando Vázquez, director de Oxxo Gas.

La división de combustibles de FEMSA Comercio —donde también están integradas la cadena de tiendas Oxxo y varias farmacias como YZA, entre otras firmas— inauguró en 2016 su primera gasolinera al margen de la marca Pemex. Hoy tiene 382 estaciones de servicio, sobre todo en el norte y el Bajío. Una de sus fortalezas es, precisamente, que además de combustible ofrece a sus clientes los servicios de las tiendas Oxxo.

El 55% de las gasolineras en México tienen aparejada una tienda de autoservicio, pero ese porcentaje es del 82% en Estados Unidos, el 80% en Reino Unido y el 95% en Alemania, según la consultora Oliver Wyman. Por ello, es una opción aún con mucho potencial en el país.

El tamaño sí importa

Oxxo Gas y Petro-7 son ya dos de los mayores grupos gasolineros del país con un solo dueño. Ambas empresas planean tener más de 1,000 gasolineras bajo su control en los próximos 10 años.

Pero no son los únicos con planes ambiciosos. ExxonMobil invertirá 300 MDD para su desembarco en el sector gasolinero en México, BP quiere abrir 1,500 estaciones en los próximos cinco años, y Gulf pretende alcanzar las 2,000 gasolineras en el país.

¿Por qué todas estas empresas piensan en superar las 1,000 gasolineras? En México hay 11,800 estaciones de servicio, de las que 65% pertenecen a microempresarios que tienen de una a tres, según datos de la Organización Nacional de Expendedores de Petróleo (Onexpo). Bajo el modelo de control de precios de Pemex, esas pequeñas firmas funcionaban bien. Pero ante la apertura, alcanzar una mayor escala permitirá lograr menores costos y ofrecer mejores ofertas. “La estrategia es tener el tamaño suficiente para competir con cualquiera en el mercado”, apunta Vázquez, de Oxxo Gas.

Eso también lo saben en G500, por lo que ataron un acuerdo con la multinacional Glencore, el mayor comercializador de energéticos del mundo, para que en año y medio les surtan 25 millones de litros diarios a sus 1,400 gasolineras.

Por tanto, es la hora de las grandes empresas y de los consorcios. Frente a ellos, habrá algunas firmas nacionales relevantes como Gasmart Gasolineras, con más de 110 estaciones de servicio en el norte del país, y Grupo Perc, con casi 50.

¿Y qué pasará con Pemex? La petrolera nacional será un competidor más, y probablemente vaya perdiendo relevancia, pues la venta de gasolina no es su negocio central, que está en la exploración y producción de crudo.

Pero la mayoría de los litros de combustible todavía pasarán por sus redes, y la empresa mantendrá por un tiempo un cierto monopolio en la parte logística. Esto puede perjudicar a las nuevas gasolineras y encarecer sus costos. Algunas firmas ya se quejan de que el sindicato de Pemex no les deja usar sus pipas para el transporte.

En cuanto a los precios, su liberación a inicio del año redujo el subsidio a las gasolinas y arrancó la competencia. Sin embargo, para ver una diferencia tangible entre gasolineras aún falta tiempo, hasta que la infraestructura de logística privada que compita con Pemex pueda ofrecer mejores eficiencias en costos.

Ningún entrevistado se anima a calcular cuánto podrá reducir los precios. Pero todos saben que, para ganar clientes, además de vender papas y capuchinos en sus tiendas, tendrán que dar litros que de verdad sean litros y ofrecer buenas ofertas. A medida que el monopolio de Pemex se extingue, los empresarios deberán demostrar lo que siempre pregonaron: que con ellos el servicio puede ser mejor.

 

Fuente Expansión

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