¿Es Tesla el futuro de los automóviles? Estas son sus tres claves

La semana pasada, Tesla superó a Ford y General Motors como la compañía automotriz de más valor económico en Estados Unidos. Esta situación no ha dejado indiferentes a los expertos. Bruce Greenwald, profesor de la Escuela de Negocios de Columbia Business School dio su brusca opinión: “Es una locura”.

Y, en cierto modo, sí es una locura. En particular, si se ignora la mitología de Elon Musk y se analizan los números. Tesla vendió 80,000 vehículos el año pasado. General Motors vendió 10 millones, lo que significa que superó las ventas de vehículos anuales de Tesla cada tres días, como promedio. Pese al ruido, la compañía de Musk perdió 780 millones de dólares en 2016. Ford ingresó 11,000 millones de dólares.

Pero Tesla es una montaña de superlativos, siendo la compañía emergente de mayor éxito en la industria automotriz, dirigida por el “inventor vivo más importante” que vende la mejor historia de las compañías de tecnología que cotizan en bolsa. Los precios de las acciones están, como todo en la vida, afectados por la psicología, más por las expectativas del futuro que por las circunstancias presentes. Y ésa es la métrica en la cual Tesla está derrotando a sus rivales. Las ventas de la compañía están creciendo en un 70% anualmente, mientras que el mercado automotor nacional se ha estancado.

La valoración de Tesla no es una locura si, como algunos inversionistas seguramente esperan, los automóviles son los nuevos teléfonos inteligentes y Musk es el próximo Steve Jobs. En 2007, cuando el iPhone debutó, estaba en una posición muy semejante a la de Tesla hoy, al vender apenas 4 millones de unidades en un año en que Nokia vendió más de 400 millones, como escribió Tim Lee de Vox. Pero diez años más tarde, Apple es la compañía más valiosa del mundo —con un 20% de las ventas de teléfonos inteligentes del mundo y la inmensa mayoría de las ganancias del sector—, mientras que Nokia ha vendido su negocio de telefonía celular.

Apple y Amazon se volvieron tan grandes porque aprovecharon grandes movimientos en la tecnología y la cultura —el desplazamiento de la atención hacia los móviles y el desplazamiento del comercio minorista hacia Internet— que crearon enormes mercados nuevos que ambas compañías pudieron dominar. Los inversionistas esperan que Tesla domine el futuro de los coches eléctricos de la misma forma en que Apple devora las ganancias en el mercado de teléfonos inteligentes y Amazon domina el comercio electrónico.

Pero el futuro de los coches es un acertijo dentro de un enigma, ya que la industria se encuentra en una encrucijada que enfrenta varios futuros divergentes: coches tripulados contra autónomos, privados contra compartidos, impulsados por gas contra eléctricos. He aquí tres preguntas que determinarán el futuro de los automóviles.

1. ¿La gente conducirá automóviles o estos se conducirán solos?

La revolución de los autos autónomos es como el enorme terremoto en la costa oeste: los expertos aseguran que es prácticamente inevitable, pero nadie puede decir con certeza cuándo o cómo será. Business Insider Intelligence pronostica que habrá 10 millones de coches autónomos en las calles en tres años. En 10 años, alrededor de una cuarta parte de las millas recorridas en Estados Unidos podrían recorrerse en coches eléctricos autónomos, según Boston Consulting Group.

Si este futuro de automóviles autónomos nunca se materializa plenamente, las compañías de automóviles tradicionales probablemente se beneficiarán de la estabilidad. Pero no es obvio que perderán si este futuro sin conductores llega a materializarse.

Sin lugar a dudas, los inversionistas están apostando contra ellas. La relación precio-ganancia —el precio de las acciones de una compañía dividido por sus ganancias por acción o RPG— es un barómetro del optimismo de los inversionistas en el futuro crecimiento de los beneficios. La RPG promedio para las acciones de la lista S&P 500 está en alrededor de 25. Pero las relaciones para las compañías de automóviles, como Ford, GM y Toyota, están alrededor de 10, lo que sugiere que los inversionistas no están seguros de que sus ganancias serán duraderas (Tesla no tiene RPG, puesto que no tiene ganancias). Musk se está preparando para el futuro autónomo mediante la instalación de hardware de conducción autónoma en todos sus vehículos nuevos. De esta manera, cuando finalmente Tesla adquiera o desarrolle el software de conducción totalmente autónomo, a los vehículos adquiridos este año podrá instalárseles el software para que sean autónomos.

A comienzos de este mes, Navigant Research publicó un informe que declaró que el líder mundial en tecnología autónoma es Ford, seguida por GM, Renault-Nissan, Daimler y Volkswagen, todas compañías automotrices. Tesla terminó en el 12º lugar. Un informe de investigación no es la palabra de Dios. No obstante, sugiere que la tesis “Tesla es Apple y los autos son teléfonos inteligentes” tiene algunas limitaciones importantes. En 2007, los competidores de Apple pensaron que el iPhone era una idea terrible. Pero en 2017, casi todos los competidores de Tesla están comprometidos en una carrera mundial para construir vehículos eléctricos y autónomos. Algunos de ellos incluso están probablemente por delante de Musk en software y capacidad de distribución.

2. ¿El futuro de los automóviles es eléctrico o hay otra alternativa?

Tesla y su éxito se resume así: en el sector automotriz de más crecimiento, tiene la mejor tecnología, por mucho, y la marca más fuerte, por mucho.

De hecho, la compañía ya fabrica los dos autos eléctricos más vendidos en Estados Unidos, el sedán Model S, y la SUV Model X. Su producto más prometedor, el Model 3 se estrena este año. Será un sedán relativamente accesible, de 35,000 dólares, sin contar beneficios estatales. Luego está la mayor ventaja tecnológica de Tesla: sus baterías. Al enfrentar una escasez de baterías de iones de litio asequibles y de alta calidad que se requieren para los coches eléctricos, Musk construyó su propia ‘Gigafábrica’ en Nevada para producir las baterías más modernas que cimentaran una ventaja permanente, de la misma forma en que el hardware de Apple ha respaldado el dominio de la compañía sobre las ganancias del sector de los teléfonos inteligentes. Las baterías de iones de litio se utilizan en automóviles eléctricos e híbridos, además de muchos otros usos, desde naves espaciales hasta teléfonos inteligentes y cigarrillos electrónicos.

Varios fabricantes de automóviles, como General Motors y Honda, se están interesando en otras energías limpias, como los sistemas de células de combustible. Pero la construcción de las estaciones de repostaje de hidrógeno que estas usan cuestan alrededor de 2 millones de dólares y sólo hay 34 en Estados Unidos hoy en día (más de la mitad en California). Dada la dudosa viabilidad de esta tecnología, Musk ha llamado los sistemas de células de combustible “asombrosamente estúpidos”.

Aun así, hay varias cosas que se interponen en el camino del dominio de Tesla en el sector de los vehículos eléctricos. En primer lugar, su tecnología podría ser la mejor en su clase, pero no es única. Las ventas del Chevrolet Volt de General Motors han aumentado en un 40% en lo que va de este año, una tasa de crecimiento anual de ventas mayor que la del Model S de Tesla. Ford, Nissan y BMW fabrican vehículos eléctricos que vendieron más de 5,000 unidades el año pasado. Es demasiado pronto para decir si la ventaja tecnológica de Tesla es como la de Apple, una brecha realmente amplia, o como la de Whole Foods, cuya revolución de gama alta en las tiendas de víveres inspiró a competidores, como Kroger y A&P, que fácilmente cruzaron el río para recuperar la cuota de mercado.
En segundo lugar, si el precio de la gasolina se mantiene bajo los indecisos podrían evitar elegir autos eléctricos. El precio promedio de la gasolina ha sido menor a 3.00 dólares por galón desde 2015. En los últimos tres años, los estadounidenses han recuperado sus hábitos de mediados de la década de 2000, desplazándose hacia los suburbios soleados y baratos y comprando camionetas pequeñas. Las ventas de autos están disminuyendo en Estados Unidos, mientras que las SUV y las camionetas son los puntos brillantes en el mercado automotriz nacional. Sucede lo mismo con Tesla: un 90% de su crecimiento en las ventas de unidades en lo que va de este año provino de la SUV Model X. Tesla espera grandes cosas con el Model 3 que se estrenará en el transcurso de este año, pero la gran mayoría de los estadounidenses podrían ser felices con grandes SUV y camionetas impulsadas por gasolina barata por un largo tiempo.

Tesla se beneficia de importantes subsidios. Por cada auto eléctrico que se vende hoy en día, Washington ofrece un crédito tributario de 7.500 dólares y algunos estados ofrecen aún más. Éste es un subsidio con buenas intenciones, pero en última instancia regresivo, puesto que los coches de Tesla son, por ahora, un producto de lujo. “El quintil de renta superior ha recibido aproximadamente un 90% de todos los créditos” para los vehículos eléctricos, según una investigación realizada por los economistas Severin Borsenstein y Lucas W. Davis. Se puede desear muy fervientemente salvar el planeta y todavía encontrar esa estadística un poco descabellada. Si la administración Trump, o ciertos estados, cambian esta estructura de incentivos, podría desalentar el crecimiento de Tesla entre los compradores de la clase media superior que son el mercado objetivo para el Model 3 e indirectamente promover los coches híbridos de gasolina, como el Toyota Prius, a expensas de Tesla.

3. ¿El futuro les pertenece a los automóviles propios o a los compartidos?

Ésta es la cuestión más especulativa, pero podría acabar siendo la cuestión más importante para el futuro de los autos.
Hace varios años, un ingeniero de una de las principales compañías automotrices me animó a pensar en el futuro de los automóviles en dos gamas: de tripulados a autónomos, y de propiedad privada a propiedad compartida. No se trata de una distinción binaria —dijo “son atenuadores de luz, no interruptores”— y podría haber muchos ganadores en cada escenario. Pero la más atrevida visión para el futuro de los autos es una flotilla de vehículos eléctricos, autónomos y compartidos (esto suena como la visión de Uber, aunque esta persona expresó dudas acerca de la capacidad de la compañía para lograrlo por sí sola).

Si el futuro de los coches es la autoconducción y la propiedad privada, entonces millones de estadounidenses aún querrán que sus coches sean hermosos símbolos del estatus y máquinas prestigiosas, como un Tesla. Pero si el futuro de los coches es la autoconducción y la propiedad pública—por ejemplo, si los residentes de zonas urbanas pagan por una flotilla municipal de vehículos autónomos que efectivamente funcione como un metro sobre la superficie y bajo demanda—una marca de lujo como Tesla podría no ser tan afortunada. La gente tiende a no importale en qué tipo de vehículo se encuentra para viajes cortos, siempre que el viaje sea seguro y eficaz y el auto no huela mal. Si el futuro del transporte es una red municipal de coches autónomos, el gobierno local pondrá órdenes masivas de los coches autónomos más baratas y suficientemente seguros que pueda encontrar. Y, dada la situación de la mayoría de los autobuses y los metros, los estadounidenses que utilizan el transporte público no son particularmente exigentes en cuanto a su estética interior.

“Si compartimos viajes en autos compartidos, solamente necesitaremos un 10% de los coches que tenemos hoy”, dice Robin Chase, fundadora de Zipcar. “Tenemos la capacidad para eliminar la congestión, transformar la habitabilidad de las ciudades, hacer posible viajar rápidamente y de forma segura desde A hasta B por el precio de un billete de autobús, mejorar la calidad de nuestro aire, y contribuir de forma importante a la reducción de las emisiones de dióxido de carbono”. Éste es el futuro que es más emocionante para mí. Es también un futuro en el que los automóviles irónicamente se convierten en inmuebles públicos en lugar de una propiedad privada: productos básicos interconectados, en lugar de un símbolo de estatus. Podría ser estupendo para los pasajeros, la congestión de las ciudades y el medio ambiente, pero no es obvio que sea igualmente estupendo para ninguna compañía que dependa de los enormes beneficios por vehículo para justificar el precio de sus acciones.

Este artículo fue publicado por City Lab y Univision

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