Automotriz ya no tendrá planta en México por amenazas de Trump

El mayor fabricante de vehículos todoterreno de China está reconsiderando su plan de construir una planta de automóviles en México que habría fabricado sus vehículos más vendidos para el mercado estadounidense, uniéndose a una creciente lista de automotrices mundiales que revisan sus planes de inversión después de las amenazas fiscales del presidente Donald Trump.

Great Wall Motor, dirigida por el presidente multimillonario Wei Jianjun, podría elegir a Estados Unidos en lugar de México para su primera planta de América del Norte, dijo en una entrevista el director general Wang Fengyin. La compañía tiene un centro de investigación en Los Ángeles y acelerará los preparativos para desarrollar versiones certificadas por Estados Unidos de sus vehículos utilitarios deportivos Haval a fin de venderlos a partir de 2020, dijo Wang.

“Las decisiones siempre deben adaptarse a los cambios dinámicos”, dijo Wang, delegado en la Asamblea Popular Nacional de esta semana en Pekín. “Solía ​​haber muchos fabricantes de automóviles que construían plantas en México, pero los cambios de Trump han afectado la toma de decisiones”, agregó.

Trump ha prometido renegociar el Tratado de Libre Comercio de América del Norte y ha criticado a compañías automotrices como General Motors y Toyota por mudar la producción al sur de su frontera. Ante las amenazas de impuestos punitivos a la importación, Ford y el fabricante japonés de autopartes Nisshinbo dijeron que desecharán o reconsiderarán nuevas plantas en México.

Great Wall, con sede en Baoding, provincia de Hebei, es uno de varios fabricantes chinos de automóviles que esperan entrar a Estados Unidos con sus propias marcas. Guangzhou Automobile planea comenzar a exportar sus modelos Trumpchi a Estados Unidos a partir del próximo año, mientras que BYD, empresa respaldada por Warren Buffett, y el dueño de Volvo Cars, Zhejiang Geely Holding Group, también han declarado ambiciones estadounidenses.

REDUCCIÓN DE RIESGOS

“Fabricar en Estados Unidos es una protección contra una posible barrera comercial futura en la frontera con México”, dijo Bill Russo, director gerente de Gao Feng Advisory y exjefe de la división Chrysler de Fiat Chrysler Automobiles en China. “Añadiría costos a la producción de los vehículos, pero reduce el potencial riesgo tributario”.

Por más de 20 años, China ha pedido a fabricantes de automóviles extranjeros que quieran instalar fábricas en su país que lo hagan a través de empresas conjuntas con compañías automotrices nacionales, una medida que permitió a muchos fabricantes chinos ganar tecnología y eventualmente establecer sus propias marcas. Marcas locales como Geely, Trumpchi y Haval ahora representan casi la mitad del mercado chino.

Las empresas automotrices chinas están tratando de revertir la tendencia y vender sus propios modelos a Europa y Estados Unidos, y la Cámara de Representantes, que tiene mayoría republicana, está considerando la aplicación de un impuesto de ajuste en frontera sobre las importaciones de las empresas, pero no sus exportaciones.

Las propuestas de Trump y los legisladores aumentarían el costo promedio de un automóvil en Estados Unidos por cerca de 3.300 dólares e incluso podrían reducir empleos estadounidenses porque los fabricantes de autopartes se surten de insumos en todo el mundo, dijo en una presentación del 8 de marzo Roland Berger, una empresa consultora con sede en Munich.

Fuente El Financiero 

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